El retrato de mi madre

Andrés Henestrosa


…Cuando he preguntado su edad, me ha respondido que al ocurrir el cólera del 83, era ya grandecita. Con este dato, he deducido su edad. Si en 1883, tenía cinco años, que es cuando ya se puede tener memoria, ahora irá teniendo setenta años.

Ella fue la primera hija de dos que tuvo Bárbara Pineda, mi abuela. La segunda se llamó Severina y murió muy joven. Tuvo seis hermanos, de los cuales viven cuatro. A Adrián y Crescencio, ya los has visto en foto: el que está solo y tiene un lunar en la mejilla es Chencho; el de los bigotes canos, Yan. Otro, Eustaquio, estaba en el pueblo el día que fotografié a la familia, pero mi llegada le produjo tal alegría, que habiendo tomado demasiado vino por festejarme, no estaba en condiciones de que se le retratara. Otro más, Juan, estaba de visita en México; cielo nublado y la prisa con que anduve, no me dejaron tiempo para retratarlo. Francisco y Máximo, ya va para treinta años que murieron.

Andrés Henestrosa: el hombre que dispersó sus sombras

Claudia Gómez Haro

“Al final de la vida sólo nos queda 
un poco de ceniza en la palma de la mano”
Andrés Henestrosa


Andrés Henestrosa nació el 30 de noviembre de 1906 en el pueblo de San Francisco Ixhuatán, en el Istmo de Tehuantepec, en el seno de una familia donde conviven las tres sangres de México: la india, la blanca, la negra, además de la huave y la filipina.

Andrés nos dice en las primeras líneas de su autobiografía inédita; “Soy un grito: el grito de Martina Henestrosa al darme a luz repentinamente”. Nació a mediodía a la hora en que según algunos, vienen al mundo los locos. Su madre fue una importante presencia en él y de ella aprende el zapoteco, junto con las tradiciones y leyendas indígenas.

El Niño Dios retorna

Andrés Henestrosa frente al mar. Foto.- Blanca Charolet
Andrés Henestrosa

El niño zapoteca puede saber, con sólo oír lo que cuentan los abuelos y las pilmamas, qué tiempos corren, qué fiestas se aproximan, si fiestas reales o fiestas de guardar. Las fiestas reales apenas dejan en su mente un tenue rastro que después los años, como una leve brisa, borran para siempre. Las fiestas de guardar, por el contrario, trabajan su fantasía, su capacidad mentirosa: los complica, les da alas. Y entonces cuentan fábulas sutiles, que el niño oye embelesado. Fábulas que aunque han caminado muy lejos dentro de ellos, un día regresan y vuelan hacia afuera. Entonces es llegado el momento de referirlas a los niños: el niño se ha vuelto abuelo.

El día que no murió Henestrosa

Andrés Henestrosa
*El avión donde viajaría se estrelló en un cerro

Juan Manuel López Alegría

De no ser por su gentileza al ceder su lugar en el avión a la esposa del gobernador Eduardo Vasconcelos, el escritor Andrés Henestrosa no sería hoy el más laureado de los literatos zapotecas, ya que el bimotor de Mexicana de Aviación que partió de Oaxaca a la Ciudad de México, se estrelló en el Pico del Fraile, cercano a Amecameca, en el Estado de México, falleciendo todos sus ocupantes. Era el lunes 26 de septiembre de 1949. 

Entre los restos calcinados se hallaban los de la actriz Blanca Estela Pavón, muy famosa por sus actuaciones en los filmes Nosotros los pobres y Ustedes los ricos  al lado de Pedro Infante. La diva había venido a Oaxaca con su compañía artística a una serie de presentaciones en el Teatro Alcalá (que también funcionaba como cine) y regresaba ese día al Distrito Federal en compañía de su padre. También fallecieron el senador Gabriel Ramos Millán y Salvador Toscano, del Instituto de Historia y Arqueología.